Soy una pintora, una apasionada de la pintura y me frustra enormemente que en con la utilidad que tiene actualmente, la mayor modificación que pudiera causar en la conducta de un individuo es que cambie el tapiz del sillón de su sala para que combine con mi obra, o peor aún, que no exista ningún cambio de comportamiento sino que ese individuo pida una obra que combine con el tapiz de su sala.

Me rehúso a pensar que esa es la única motivación que me lleve a pintar.

Es sorprendente pensar que en una era donde predicamos la globalización y la integración en muchos ámbitos, la pintura vive en un universo paralelo a muchas otras disciplinas. La pintura va por su propio camino, un camino comercial y dependiente de lo que dicte la moda.
Tiene un propósito muy claro, el que se venda. Por tanto su temática estará dictada por el mercado. ¿Se habrá perdido totalmente la utilidad de la pintura y sus fines que van más allá del simple mercadeo o decoración? ¿No podría tener otros fines, afines a otras disciplinas?

Me remito al concepto del hombre del Renacimiento, aquél concepto que engloba a un ser humano interesado en diversas áreas del conocimiento tanto científico como humanístico y artístico. Un solo individuo capaz de observar su mundo, investigar el fenómeno de causa-efecto, leer a los clásicos, inventar, dibujar, pintar, esculpir, escribir poesía, en fin, un sinnúmero de actividades en las cuales involucrarse y ser exitoso, si no en todas, en un gran número de ellas. Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Galileo, Benjamín Franklin, Alexander Borodin, José María Velasco y Thomas Jefferson por nombrar algunos. Es curioso pensar que conforme el hombre progresa, se vuelve más especializado dentro de su área de trabajo o conocimiento, con gran cantidad de herramientas a su lado para desarrollarlo, pero al final “sabe menos”.
¿No debiéramos tratar de adaptar ese concepto, el hombre del Renacimiento, a la actualidad?
Efectivamente la cantidad de información que estamos recibiendo constantemente en todas las áreas del conocimiento es de tal magnitud que sería imposible pensar en una persona que pudiera involucrarse en todos sus ámbitos, pero dentro de nuestras especializaciones, podríamos tratar de lograr una sinergia, una integración, misma que hemos postulado en estos últimos 20 años con la globalización.
¿Por qué no pensar en un “Colectivo Renacimiento”?

La pintura en siglos pasados se utilizaba como un medio de enseñanza y difusión a través de las obras religiosas que permitían predicar en las iglesias y contarle al pueblo las historias bíblicas; obras mitológicas y obras inspiradas en la literatura que contaban historias a la gente que no sabía leer; obras históricas que le ofrecían al observador una idea, en la mayoría de los casos totalmente romántica y fantasiosa, de los héroes del pasado; en los siglos XVI al XIX la pintura y la ciencia cooperaban. Se realizaron catálogos y registros de especies completos por científicos y artistas. La pintura alimentaba a la ciencia y la investigación de la ciencia alimentaba la temática de la pintura. La pintura era una herramienta útil a la ciencia. Cuántos viajes de exploración se hicieron a través del orbe en los cuales los artistas dibujaban plantas, animales, límites de continentes, paisajes, minerales, etc. Tal es el caso de John James Audubon o José María Velasco.
Incluso había pintores como Joseph Wright of Derby o Félix Parra que registraban los experimentos de la física, de la química, de la medicina, con una maestría y factura impecable, dando como resultado obras de gran belleza. Por supuesto que el artista tenía como finalidad principal el vender su obra, pero la pintura tenía una finalidad más social.
A finales del siglo XIX aparece la fotografía. En 1888 se produce la primera cámara fotográfica de Kodak. Y este gran avance termina con gran parte de los fines sociales de la pintura.
La propaganda política que se hacía a través de la pintura (La Libertad guiando al pueblo, La Coronación de Napoleón) podía hacerse con mayor rapidez y total fidelidad con un “clic”.
Hoy en día la fotografía es la herramienta perfecta para cualquier disciplina, ¡incluso es la herramienta perfecta para la pintura!.
La ecología ha hecho uso de la fotografía y el video como armas de apoyo en difundir el daño que el ser humano ha causado en nuestro planeta dentro de nuestro maravilloso progreso. No solo difundirlo, sino ejemplificarlo, el evidenciarlo como parte de los datos duros, como complemento a los números, las estadísticas. Es sin duda, una mancuerna excelente. Solo tenemos que mirar el video producido por Al Gore como un ejemplo perfecto.
Todos conocemos el adagio “una imagen dice más que mil palabras” y efectivamente si al mortal común se le dice que se recogieron x toneladas de basura, supone que x es mucha basura, pero no sabe cuánta. Si se le enseña una imagen de las x toneladas de basura, puede de inmediato comprender el tamaño.
Ahora, habiendo hablado de la maravilla que es la fotografía opino que es tal el bombardeo digital, que nos hemos acostumbrado a ella, real o manipulada a llegar a un punto de saturación donde el cerebro ya no registra la imagen y disminuye el impacto.
Confundimos la realidad con la ficción al poder manipular las imágenes fotográficas. La ventaja de la fotografía era que mostraba los hechos reales y la pintura podía desvirtuarlos. Pero ahora que se puede manipular la fotografía, ambas tienen la misma desventaja.

A finales del siglo XIX y principios del XX con la revolución industrial, el desarrollo de la psicología, la invención de la fotografía, y el desarrollo del diseño gráfico, la pintura se encuentra como producto del pasado, su función se reduce primordialmente a la belleza y adquiere la característica de un objeto de lujo o de decoración en su generalidad. Más aún a partir de la segunda mitad del siglo XX, donde se vuelve un artículo de moda.
Hoy en día se crea obra de arte con un fin generalmente comercial o para causar un impacto por el escándalo o el ruido que pueda generar en beneficio del artista y no de una comunidad u objetivo de una colectividad. Pero no tendrían que ser los únicos fines de la pintura. Con apoyo, con esta idea de un “colectivo” de profesionales de ciencias, humanidades y artes, podríamos retomar la función de la pintura y lograr que esta sea una herramienta importante de enseñanza y difusión nuevamente. Una imagen pintada de un fenómeno ecológico puede causar un gran impacto, por el simple hecho de no ser fotografía. Esta ha sido parte de mi inspiración para pintar Planeta Desechable.
Se ha presentado en dos ocasiones, una en el Museo UPAEP en Puebla y la otra en el Centro Cultural Barrio Antiguo Monterrey. Las obras pictóricas se presentaron mezcladas con una serie de frases poéticas y de datos duros proporcionados por dos fundaciones ecologistas que permitían reflexionar sobre el planeta. La exposición fue visitada por escuelas, por estudiantes universitarios e incluso fue llevada en pequeñas imágenes a hospitales. Yo tenía una idea pero la difusión por mí misma no hubiera sido posible sin el trabajo en equipo. La directora del Museo UPAEP entendió perfectamente la historia y el mensaje y comenzó a trabajar con la Universidad para realizar todas las actividades que se dieron alrededor de la muestra. La Dirección de Cultura de Monterrey llamó a todo tipo de medios, prensa, televisión y entrevistas para que el público recibiera el mensaje. Cada una logró su impacto de distinta forma. Sin duda, esto fue un trabajo en equipo.
Y el hecho de no solo crear obra por su simple belleza o comercialización, sino con un fin social en el camino, hace que esta profesión sea altamente gratificante y tenga un mejor propósito.

Resumen de la plática con la que participé en el foro Ecocrítico y Ecopoético “En Ti la Tierra”, marzo 2014