-Pasión, sangre, fuego, óxido, lava, vino tinto, enojo, luz de atardecer, peligro - ningún color llama más la atención que el rojo. Los artistas siempre han amado el rojo, desde la época Paleolítica hasta el arte contemporáneo. Su paleta ha ofrecido una variedad de tonos para realizar un juego cromático sutil mayor a aquél posible con otros colores.

La lista de rojos es amplia: el cinabrio, raro y costoso, utilizado por los romanos;

el minio, el tono predilecto entre los ilustradores de la Edad Media; el rojo ocre, pigmento milenario utilizado por el hombre paleolítico y por el pintor contemporáneo; el bermellón, el favorito de todos los pintores desde hace siglos en Asia, Medio Oriente y Europa; el carmín, producto de la cochinilla del nopal, el pigmento más popular en los siglos 17 y 18; el rojo cadmio, vivo, intenso, el nuevo pigmento del siglo 19 que se utilizaría comercialmente en el 20, seleccionado por Monet; el rojo naphtol, orgánico, innovador, uno de los colores preferidos por Mark Rothko.

El simbolismo del rojo ha hecho de este color uno de los más apasionantes. Ha sido asociado con el poder, las revoluciones, el amor, la sangre, la guerra, el enojo, el peligro, el sacrificio, la realeza y la pasión. Como tal, ha dominado la cultura visual de la humanidad por siglos, como escribe Michel Pastoureau en su libro “Red: The History of a Color”, Princeton University Press.

Sin embargo, Pastoreau indica, con el advenimiento de la reforma protestante la gente comenzó a considerar el color rojo como un color grotesco, llamativo, vulgar, incluso inmoral, por lo que su preeminencia comenzó a desvanecerse. Hoy en día, tanto el azul como el verde superan al rojo como los colores favoritos en la cultura occidental.

Pero el rojo, no importa su tonalidad, su croma, mantiene su poder. Las obras pictóricas con alto contenido rojo logran los precios más altos en las subastas. Rojo, el color de la revolución, de la seducción.”