La historia del color verde ha sido siempre controvertida. En la cultura del Islam ha sido reverenciado por evocar el paraíso; era el color de los cielos en la dinastía Ming; sin embargo en la cultura occidental ha tenido un significado ambivalente, y su producción, desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII ha generando tonos verdes fugaces y venenosos.

No recuerdo quien me comentó que las obras en color verde eran difíciles. En ese momento supuse que era por preferencia de color, que el espectador prefería los azules o los rojos sobre los tonos verdes. Estaba equivocada. La “dificultad” del verde provenía de su historia, de sus diversos significados y de sus efectos dañinos.

En pintura, el verde es un color secundario creado al mezclar amarillo y azul. Esta es una idea relativamente nueva para la humanidad ya que se generó después de los postulados del espectro de Newton pues hasta antes del siglo XVIII los pigmentos verdes se obtenían ya fueran naturales, como la malaquita o la tierra verde, o como reacciones químicas como el verdigris.

Los pigmentos verdes se han utilizado desde la antigüedad como el tierra verde y la malaquita, usados principalmente por lo egipcios. Ellos consideraban el color verde como el símbolo de la regeneración de los cultivos gracias al crecimiento e inundación del río Nilo cada año. La tierra verde se utilizaba en la pintura de base para los tonos de la piel en las obras antiguas; algunas de ellas revelan este tono al haberse fugado los tonos rosáceos de los personajes. Los griegos introdujeron el verdigris, uno de los primeros pigmentos artificiales, tóxico, que aparece en los libros iluminados de la Edad Media, en las obras del Renacimiento y del Barroco; con el cristianismo, los demonios y la serpientes se pintaban en color verde. El siglo XVIII con sus avances en química permitió la introducción de una serie de pigmentos verdes como el verde cobalto o de Rinman, el verde de Scheele, el esmeralda y el viridian.

En 1775 el químico sueco Carl Wilhelm Scheele inventó un tono mortal, el verde de Scheele, un pigmento verde brillante mezclado con arsénico, pariente menor del verde esmeralda. Napoleón Bonaparte pasó sus últimos años en Santa Elena en una habitación decorada con un papel tapiz en color verde Scheele. La humedad pudo haber causado moho, que al contacto con el pigmento haya causado la liberación del arsénico de su mezcla en forma de gas. Es posible que el arsénico provocara la muerte del emperador en 1821 al ingresar a su sistema respiratorio por varios años.

En el siglo XIX se inventó el verde París o verde esmeralda, resultado también de una mezcla de cobre y arsénico que llegó a utilizarse como raticida e insecticida. El verde esmeralda o verde París fue utilizado por Renoir, Monet, Cézanne y Van Gogh logrando paisajes de un verde muy vivo aunque quizá haya contribuido a la ceguera de Monet y a la diabetes de Cézanne. Fue prohibido en los 1960´s. Finalmente en París en1838, Pannetier , introdujo el verde de cromo. Viridian, como se llamaría este pigmento, que con el tiempo reemplazó al verde esmeralda por su color brillante, su gran nivel de permanecia y su falta de toxicidad. Se había inventado el color que reemplazaría todos los verdes, antiguos y modernos.

El verde nos muestra un color contradictorio, símbolo de vitalidad, de esperanza, de salud, de suerte, pero también de avaricia, de enfermedad, venenoso y demoníaco. Difíciles de fijar, los pigmentos verdes han sido relacionados con todo lo que es cambiante y fugaz como la infancia, el amor, el dinero y la suerte. Sin embargo en el siglo XXI no existe un color más puro, más limpio, símbolo de la ecología que el color verde cuyo objetivo es salvar al planeta y deshacerse de su connotación como el color más venenoso de la historia.