En abril de 1917 tres compañeros, uno francés y dos estadounidenses, paseaban por las calles de Nueva York con el fin de llegar al establecimiento del señor J.L. Mott, una tienda especializada en fontanería. Walter Arensberg, coleccionista, crítico de arte y poeta y Joseph Stella, artista, acompañaban a Marcel Duchamp, también artista, a comprar un urinario.

Seguramente Duchamp sonreía mientras escogía el urinario que serviría para llevar a cabo la idea creativa en la que utilizaría esta pieza de porcelana.

Ya de vuelta en su estudio, Duchamp colocó el urinario sobre su parte plana cambiando totalmente la perspectiva usual de este objeto. Lo firmó del lado izquierdo con el seudónimo de” R. Mutt, 1917”, haciendo un juego de palabras con el apellido del dueño de la tienda donde lo había adquirido o según otra teoría plausible, en honor a la tira cómica de Mutt y Jeff.

A su obra decidió titularla “Fuente”.

No era la primera ocasión en que Duchamp realizaba una obra con objetos hechos de antemano, “readymades”, como él los llamaba. Años antes había fijado una rueda de bicicleta a un taburete considerándola obra de arte al igual que la pala de nieve sobre la que pintó una inscripción y la colgó del techo de su casa en su natal Francia.

Para Marcel Duchamp el presentar el urinario como una obra de arte en la Exposición de los Independientes de 1917 significaba cuestionar la misma idea de la obra de arte como tal y como se concebía hasta entonces por artistas, críticos y público en general.

Para Duchamp “ si un artista lograba influir en el contexto y significado del arte, entonces la obra era una obra de arte” (Will Gompertz, “What are you looking at? 150 years of Modern Art in a Blink of an Eye, 2012”)

Hasta entonces los medios utilizados para producir una obra de arte influían en la forma de producirla, ya fuera lienzo, papel, piedra, mármol, madera, etc. Duchamp argüía que el medio no importaba o era secundario a la idea en sí. Primero se desarrollaba el concepto, después el medio.

“Fuente” resultó muy vulgar incluso para la Sociedad de Artistas Independientes, intelectuales, progresistas, de libre pensamiento que desafiaban a la Academia Nacional de Diseño y su clasicismo. No se sabe si “Fuente” fue destruida. En realidad lo único que necesitaba hacer Duchamp era ir a comprar otro urinario y volverlo a firmar para recuperar su obra. Hoy en día existen 15 copias dispersas por las colecciones de arte mundiales.

El concepto de esta obra surgió como un desafío, una broma, una irreverencia al mundo del arte. Quien iba a pensar que “Fuente” se convirtió en la obra más influyente del siglo XX y el arte conceptual.