El público en general asocia una obra de arte con algo placentero, bello, emotivo y en ocasiones, divertido. Quiere observar algo que le mueva internamente dejándole una sensación agradable. Sin embargo existen miles de obras de arte de grandes maestros que nos provocan otro tipo de sensaciones: el horror, el rechazo o el shock, entre otros.

Infinidad de artistas plasman imágenes tan inquietantes que cruzan la línea de desconcertantes a aterradoras, imágenes que le provocarían a uno pesadillas.

Basados en leyendas de la mitología, en la literatura, en los horrores de la guerra, en los sacrificios en nombre de la religión, en la tradición de justicia severa impartida públicamente, en la propia naturaleza cruel del ser humano, los artistas pintan historias terribles. El público se horroriza ante tales representaciones pero admira la destreza y el mensaje del artista. Quizá no quiera colgar una de estas obras en su habitación pero bien puede apreciarla en un espacio de exhibición.

Obras de grandes maestros como Peter Paul Rubens y Francisco de Goya y su interpretación particular de la mitología de “Saturno devorando a su hijo”, El Bosco y su “Jardín de las delicias”, Dalí y su “Retrato de la guerra”, Odilón Redón con su “Cíclope” o sus múltiples cuadros monocromáticos e inquietantes de arañas, ojos y personajes fantasmales, Caravaggio y su “David con la cabeza de Goliat”, Artemisia Gentileschi y su “Judith y Holofernes”, Otto Dix y sus obras sobre la guerra como “Las tropas de asalto avanzan bajo el gas”, son solo algunos ejemplos de arte terrible pero magistral.

El arte desgarrador, inquietante y terrible en ocasiones refleja un tiempo desgarrador, inquietante y terrible. En la década de 1930 el Tercer Reich consideró a las figuras fantasmales y cuerpos mutilados de Otto Dix como “arte degenerado”.

Tristan Tzara, el teórico principal del movimiento Dadaista se refería a la belleza como “una forma aburrida de perfección, una idea estancada de un pantano dorado”.

Claro que lo que se considera horrible, por supuesto, permanece en el ojo del espectador. Nos enseña que existen otras formas de ver el arte.