Es casi un verdadero milagro que tengamos la fortuna de observar tantas y tantas obras de arte en los museos a través del mundo cuando uno piensa en las vicisitudes que las obras experimentan con el tiempo. Las guerras, los robos, los desastres naturales, el maltrato, el deterioro de los propios materiales utilizados en su producción, la negligencia y la falta de recursos para restaurar una obra amenazan su propia existencia.

Como si todas estas razones no fueran pocas, existe la posibilidad de que una obra padezca el ataque de un vándalo ya sea por algún arrebato caprichoso, una mente perturbada o una expresión política de protesta.

Las pinturas exhibidas en museos están altamente expuestas pues normalmente no se encuentran protegidas por escudos protectores. No son pocas las obras que han sufrido daños en su integridad física a manos de un público trastornado. Normalmente solo nos enteramos de los ataques contra las más famosas pues los vándalos que perpetran estos actos requieren de visibilidad, situación que las obras famosas ofrecen por sí mismas.

Solamente en el siglo XX destacan ataques contra el Guernica de Picasso en 1974, el Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador Dalí en 1961, la Dánae de Rembrandt en 1985, la Virgen con niño y Santa Ana con San Juan Bautista de Leonardo DaVinci en 1987, la Piedad de Miguel Ángel en 1972, la Venus del espejo de Diego Velázquez en 1914, la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci en 1956, 1974 y 2009 y la lista podría seguir.

Hans Joachim Bohlmann, puede ser considerado como un asesino serial de obras de arte. Entre 1977 y 2006, dañó más de 50 pinturas por un valor de alrededor de138 millones de euros. Entre sus víctimas están Golden Fish de Paul Klee, Martin Luther y su esposa Katharina von Bora de Lucas Cranach el Viejo, Archiduque Albrecht de Rubens, Jacob bendiciendo al segundo hijo de José de Rembrandt al igual que uno de los autorretratos de Rembrandt y tres obras de Albrecht Dürer. Bohlmann compraba ácido sulfúrico y rociaba las pinturas con este. En otras ocasiones llegó a utilizar combustible y prenderle fuego a alguna obra.

La Ronda Nocturna de Rembrandt es una de las pinturas más famosas del mundo. Según Harvey Rachlin en su libro Tras las obras maestras, “son muchos los que consideran que esta obra constituye el mayor logro artístico salido del pincel de Rembrandt”. La Ronda nocturna nos presenta una tropa de militares de Ámsterdam agrupados bajo una arcada mientras se organizan para marchar bajo las órdenes de su capitán y su teniente.

Esta impresionante y majestuosa obra ha sido destrozada en varias ocasiones. El 13 de enero de 1911, un cocinero desempleado de la Marina le asestó una puñalada y la pintura quedó visiblemente dañada. El agresor afirmó que era consecuencia de su reciente expulsión del servicio de la Marina. En 1975, William de Rijk, un maestro de escuela jubilado, cortó docenas de líneas en zigzag en la pintura antes de ser reducido por los guardias. El día anterior, de Rijk había sido rechazado del museo porque había llegado después de la hora de cierre. Después del evento, fue identificado con un trastorno mental y enviado a un hospital psiquiátrico donde se suicidó en 1976. Quince años más tarde, el 6 de abril de 1990 la Ronda nocturna sufrió un nuevo ataque. El asesino serial de obras, Hans Joachim Bohlmann iba provisto de ácido sulfúrico que arrojó sobre la pintura. Los guardias de seguridad lograron diluirlo rápidamente con agua para que el ácido penetrara solo la capa de barniz de la pintura. La obra fue restaurada por tercera ocasión.

Ahora comprendo por qué siempre hay un guardia viendo al espectador sospechosamente si este se acerca más allá de la línea pintada en el piso. No es solo el peligro de que el espectador toque la obra. Nunca se sabe si este es una mente perturbada.

Un acto de vandalismo contra una obra de arte no es solo un ataque contra el artista, sino contra el núcleo de nuestra civilización. El arte es un vínculo entre razas, entre distintas culturas, entre épocas y lugares. Las obras de arte son patrimonio universal.

Beatriz Eugenia