El blanco es el color más claro y luminoso y es acromático pues no tiene tonalidad. Refleja y dispersa por completo todas las longitudes de onda visibles de la luz.

La percepción del blanco se debe a la luz que estimula en cantidades casi iguales y con un alto brillo a los tres tipos de células de cono en la retina del ojo humano sensibles al color.

El blanco fue uno de los primeros colores utilizados en el arte. La Cueva de Lascaux muestra pinturas de toros y otros animales de la era Paleolítica dibujados con yeso o calcita junto al negro carbón, el rojo y el amarillo ocre.

Los antiguos griegos vieron el mundo en términos de luz y oscuridad, por lo que el blanco fue un color fundamental para ellos. De acuerdo con Plinio el Viejo en su Historia Natural, Apeles y los otros pintores famosos de la antigua Grecia usaban solo cuatro colores en sus pinturas; blanco, rojo, amarillo y negro como lo hacían los artistas paleolíticos. Los griegos usaron el blanco de plomo hecho por un proceso largo y laborioso que consistía en cubrir el plomo con orina o vinagre en vasijas cubiertas por capas de estiércol. Después de tres meses las láminas de plomo se oxidaban y producían escamas de carbonato de plomo que se convertían fácilmente en un fino polvo blanco.

Así como los griegos no combinaban sus colores, los artistas de la Edad Media tampoco lo hacían. El blanco fue incluido en sus obras de arte mayormente por su simbolismo- inocencia, pureza, virtud, transfiguración- ya que el color que se vinculaba a la luz no era el blanco sino el dorado.

En el Renacimiento León Battista Alberti, humanista y erudito, animó a los artistas a mezclar sus colores agregando blanco para aclararlos, hacerlos más brillantes y agregar alegría a sus obras. La paleta del Renacimiento se tornó más brillante.

Durante muchos siglos, el blanco de plomo fue el único pigmento blanco al cual tuvieron acceso los artistas. Este pigmento, es conocido también como blanco de plata, blanco de albayalde, carbonato de plomo y blanco de Cremnitz, entre otros. En 1834 entró a la escena el blanco de zinc o blanco de China en acuarela. Hasta 1850 se empezó a producir en grandes cantidades en pintura al óleo. Sin embargo a finales del siglo XIX, el blanco de plomo seguía siendo el pigmento más popular pues el blanco de zinc no tenía la luminosidad de este; pero entre 1916 y 1918, las compañías químicas en Noruega y los Estados Unidos comenzaron a producir blanco de titanio, hecho de óxido de titanio.

Fue descubierto en 1821 pero se presentó como color al óleo para fines artísticos hasta 1921. Tenía un poder cubriente dos veces más potente que el blanco de plomo, y era el pigmento blanco más brillante que se conocía. En 1945, el 80 por ciento de los pigmentos blancos vendidos era blanco de titanio. Los impresionistas no consideraban al blanco como un color pues al observar la descomposición de la luz en los objetos, paisajes y personajes que pintaban, veían toda una serie de colores en diversas tonalidades. El blanco nunca era blanco.

El blanco atrajo a los pintores modernistas. Kazimir Malevich realizó su “Cuadrado blanco”, compañero de su “Cuadrado negro” fascinado por lo absoluto de ambos colores. Piet Mondrian lo utilizó como uno de sus colores principales en sus pinturas de fondos blancos con cuadrículas con líneas negras verticales y horizontales y colores primarios.

Los historiadores piensan que ciertos pintores famosos fueron envenenándose con los materiales tóxicos que utilizaban. Uno de estos materiales fue el popular blanco de plomo. Al mancharse con la pintura, sujetar los pinceles con la boca o utilizar sus manos para pintar, los pintores fueron absorbiendo pequeñas cantidades de plomo en su organismo.

La enfermedad producida por dicha intoxicación fue conocida como saturnismo cuyos síntomas eran cólicos, dolores de cabeza, mareos y embotamiento en fases leves aunque podía llevar a agresividad, alucinaciones, parálisis parcial, sordera y finalmente la muerte. Algunos de estos síntomas parecen coincidir con las biografías de pintores como Van Gogh, Caravaggio, Goya, Sorolla o Herrán.

Beatriz Eugenia