El amarillo es el color más luminoso de todos los colores del espectro. Capta la atención del ser humano más que cualquier otro color. Aunque hay amarillos mostaza y ocres intensos, no hay amarillos oscuros. Sin embargo la historia del color amarillo ha sido tanto luminosa como oscura.

Desde las hojas doradas que adornan los íconos medievales y los amarillos terrosos del arte griego y egipcio, hasta los pigmentos sintéticos de plomo y cadmio amarillo de los impresionistas, este color ha evolucionado y ha vuelto a ser descubierto a través de los siglos.

El pigmento amarillo ocre fue uno de los primeros colores utilizados en el arte. La cueva de Lascaux en Francia nos muestra un caballo amarillo con 17,000 años de antigüedad. Los babilonios utilizaron amarillo de Nápoles, antimoniato de plomo, para pintar su cerámica. El ocre y el oropimente se utilizaban para representar el color del oro y la piel en las tumbas egipcias. Los griegos utilizaban los amarillos terrosos y los romanos pintaban con ellos los murales de las villas. Alrededor del 300 aC, se dice que Apeles, el mayor pintor de la antigüedad, utilizó amarillo ocre y blanco para pintar la piel de Campaspe, la concubina de Alejandro Magno, quien era su modelo para su Venus Anadiomena. Ocre en griego significa "amarillo pálido". En China, Japón y el sudeste asiático en el siglo VIII se utilizaba la gutagamba, gomorresina derivada de un árbol, para iluminar manuscritos. Posteriormente se utilizaría en el glaseado o vidriado. El amarillo llegó al centro del escenario como “oro” en la Edad Media. El oro era el color más importante de la época. No se podía convertir en polvo como otros pigmentos por lo que los artistas y proveedores de pigmentos trabajaron el oro transformándolo en una hoja delgada. Los artistas del medioevo utilizaron las hojas de oro para decorar sus obras. El siglo XIII entonces vio al amarillo convertirse, tristemente, en la sombra del oro. El amarillo se delineó como una degeneración de las cualidades materiales, trascendentes luminosas y morales del oro. Se convirtió en un color apagado, triste, el color del otoño, del declino, de la enfermedad y caducidad. Se le había asociado al Papa y las llaves de oro del Reino, pero ahora se le asociaba con Judas Iscariote y se usaba para marcar a los herejes.

Los pigmentos amarillos eran tóxicos, contribuyendo a su mala fama. Tuvieron que evolucionar para encontrar alternativas menos tóxicas. Alrededor de los 1600´s los químicos lograron producir un amarillo Nápoles menos tóxico.

El amarillo indio reemplazó al gutagamba como color de vidriado a mediados del siglo XIX. Se asocia a una leyenda ampliamente divulgada pero que Investigaciones recientes indican ser errónea aunque cuenta una buena historia de cualquier forma. Se dice que el amarillo indio se solía extraer de la orina de las vacas que se veían obligadas a comer solo hojas de mango. El verdadero amarillo indio, que data del siglo XV, ya no está disponible. J.W Turner lo utilizaba ampliamente.

El cromo en ácido se vuelve amarillo. Es altamente tóxico. Alrededor de la época en que el amarillo de cromo se incorporaba profusamente en la pintura, el amarillo de cadmio, un colorante que se empleaba industrialmente, también estaba tratando de llamar la atención. Finalmente se sintetizó como un pigmento en 1840.

La primera rehabilitación del amarillo acontece con los pintores impresionistas. Alrededor de los años 1860´s a 1880´s surge la pintura al aire libre y se hace necesario captar las reverberaciones de la luz exterior. Es posible también que la difusión de la electricidad haya contribuido en parte a la rehabilitación de este color. El amarillo de cromo fue un pigmento predilecto de Van Gogh y Seurat.

El amarillo Hansa se produjo por primera vez en Alemania antes de la Primera Guerra Mundial. Muchos pintores preocupados por la toxicidad del cadmio comenzaron a utilizar el amarillo Hansa, similar en tonalidad pero más transparente y brillante. Finalmente el siglo XX reivindicó al amarillo en el arte. El pasaje de la pintura figurativa al semi-figurativo y posteriormente a la pintura abstracta fue menos dispuesta a la policromía. Los pintores modernistas redujeron la pintura a sus colores más simples y formas geométricas. Mondrian le dio al amarillo la misma importancia que al rojo y al azul.

El diseño también contribuyó a la reivindicación del amarillo. Luminoso y oscuro, es el color más contradictorio en cuanto a los sentimientos que despierta.

Beatriz Eugenia