Hans van Meegeren es considerado uno de los más grandes falsificadores de la historia al haber engañando al mundo del arte con sus falsificaciones de Johannes Vermeer, el gran maestro holandés del siglo XVII.

Aunque comenzó los estudios de arquitectura, decidió dejarlos para convertirse en pintor. Era un buen retratista y ganaba la vida pintando retratos de la alta sociedad en La Haya. Sin embargo, no estaba satisfecho con su trabajo. Él quería convertirse en un artista sobresaliente, un genio de la pintura, no un simple retratista.

Pese a su gran talento, el problema de van Meegeren era que producía obras clásicas influenciadas por los grandes maestros en la época donde el futurismo, el cubismo y otras corrientes de vanguardia estaban en boga. Por tanto los críticos lo consideraban demasiado convencional.

Como relata Frank Wynne en su libro “Yo era Vermeer”, un falsificador debe convertirse en historiador, restaurador, químico, grafólogo y documentalista para explotar su talento como charlatán. Es precisamente lo que van Meegeren hizo para falsificar su primer Vermeer, “Cena en Emaus”, que fue adquirido por el museo Boijmans en Rotterdam. Durante la exposición de la obra en el museo, van Meegeren proclamó en voz alta a la pintura como una vulgar falsificación y escuchó mientras las mentes brillantes y especializadas de su generación lo convencían de que su pintura era un verdadero Vermeer. Su triunfo sobre los críticos y el mundo del arte estaba ahora completo. Lo único que requería hacer era reclamar el trabajo como propio dejando a los críticos en ridículo. Sin embargo decidió seguir falsificando ya que le resultaba muy redituable.

Su estrategia de pintar falsos Vermeers tuvo éxito ya que no se conocía mucho sobre el gran maestro holandés. Vermeer fue redescubierto en la segunda mitad del siglo XIX y todavía existían muchos puntos oscuros en su biografía.

Hans van Meegeren obtuvo la fama no como el gran artista sino como el gran falsificador al haber engañando a los nazis, al mismísimo mariscal Hermann Göering. Después de la Segunda Guerra Mundial los aliados encontraron en una mina de sal austriaca unas cámaras subterráneas que contenían más de mil obras de arte algunas adquiridas y otras expoliadas por los nazis.

Uno de las obras más valiosas era “Cristo y la mujer adúltera” de Johannes Vermeer. Los documentos descubiertos por los aliados indicaban que Göering había comprado el cuadro a Hans van Meegeren en 1943 a través de un oficial de la Gestapo. Fue entonces detenido bajo la acusación de colaboración y complicidad con el enemigo. Cuando el fiscal le amenazó con la pena de muerte por traición a la patria al haber vendido un patrimonio artístico al enemigo, van Meegeren confesó haberlo pintado él mismo. El tribunal consideró que solo era un pretexto para evitar la pena de muerte, pero su abogado logró que le permitieran pintar un nuevo Vermeer para probar su inocencia.

Su enorme habilidad con los pinceles le salvó la vida al demostrar a los jueces que el cuadro vendido a los nazis no era un Vermeer original sino una falsificación suya. Entre julio y septiembre de 1945 frente a un fotógrafo, un experto en arte, tres oficiales de justicia y un carcelero, pintó “Jesús entre los doctores”. Hans van Meegeren fue solo juzgado por falsificación y se le dictó sentencia en noviembre de 1947 a un año en prisión. Desafortunadamente no pudo gozar de su fama, pues moriría un mes después, en diciembre de 1947. Toda Ámsterdam asistió a su funeral para homenajear al hombre que había logrado engañar a los nazis.