Desde que el hombre prehistórico comenzó a pintar en las cuevas el mundo animal ha servido como una fuente inagotable de inspiración para el ser humano. Ha representado a los animales en una infinidad de formas ya sea como símbolos, como comunicadores de lecciones morales, como imágenes perfectas para la ciencia y el arte y como compañeros.

Las primeras representaciones de bestias dentro de cuevas se inspiraron principalmente en la caza. Notable por su realismo y vitalidad, un estudio reciente determinó que estos dibujos eran mejores para representar con precisión la forma en que caminan los animales de cuatro patas que los dibujos, pinturas o esculturas hechas por los artistas de los siglos XIX y XX. (Stromberg, J., 2012 “Los hombres de las cavernas fueron mucho mejores ilustrando animales que artistas hoy en día”) Los dibujos mostraban el entendimiento que el hombre prehistórico tenía del animal vivo, brillantemente simplificado y directo.

En el Antiguo Egipto, los animales fueron representados en una variedad de formas, desde amuletos, representaciones de interacciones cotidianas entre humanos y animales hasta retratos religiosos de deidades particulares en su forma animal.

Los animales, tanto reales como fantásticos, ocuparon un lugar importante en el arte y el pensamiento medieval. El Bestiario, una colección de descripciones e interpretaciones de animales, destinado tanto a la historia natural como a una serie de lecciones morales y religiosas, se desarrolló en la Europa medieval en el siglo XII.

Los animales continuaron teniendo un lugar en el arte durante la Edad Media, pero fueron tratados como símbolos, como el cordero como representación de Cristo. A menudo aparecen en obras religiosas, particularmente las ilustraciones marginales de libros manuscritos. No fue sino hasta el siglo XV que los animales comenzaron por derecho propio a ser considerados como temas serios para los artistas. Los descubrimientos en tierras lejanas fueron traídos a Europa en forma de pieles y dibujos, y los científicos, que estaban comenzando a estudiar el mundo natural y sus animales, necesitaron ilustradores para representar sus hallazgos. Los dibujantes renacentistas, profundamente interesados ​​en el mundo que los rodeaba, como Andrea Mantegna (1431-1506), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Alberto Durero (1471-1528) hicieron buenos estudios de animales. Un siglo después, artistas como Melchior d'Hondecoeter (1636-95) llenaron enormes lienzos con aves exóticas en paisajes exóticos, así como aves domesticadas o pájaros para ser vistos en colecciones privadas.

Los perros abundan en el arte del Renacimiento; la mayoría de las veces aparecen como motivos de fondo incidentales, como parte de una escena de caza, composición religiosa, mitológica o alegórica, o junto a sus maestros en retratos. Desde entonces, los perros se convirtieron en un motivo visual común en el arte occidental y han sido llamados el "mejor amigo del artista".

En el siglo XVII, apareció un término particular para un artista especializado en la representación de animales: el pintor de animales. Estos artistas especializados a menudo colaboraban con otros que pintaban el tema principal o el fondo del paisaje. Frans Snyders, un artista prominente dentro de la tradición barroca de la pintura de animales, a menudo pintaba animales para Peter Paul Rubens. Algunos de los artistas más famosos especializados en la pintura de animales a través de los siglos fueron Jan Brueghel el Joven, Jan Brueghel el Viejo, Georges Stubbs, Eugène Delacroix, Rosa Bonheur y Friedrich Wilhelm Kuhnert.

Los pintores ingleses en el siglo XVIII eran particularmente famosos por sus representaciones de caballos, un tema común en la tradición del arte occidental.

El retrato de animales estaba bien pagado, aunque no atraía a los artistas de las grandes ligas. Benjamin Marshall, pintor del siglo XIX es citado diciendo que “muchos hombres me pagarían 50 guineas por pintar a su caballo pero solo 10 guineas por pintar a su esposa” El siglo XIX llevó el arte del retrato animal a otro nivel pues los animales ganaban importancia como compañeros de los humanos. Esto coincidió con los intentos de los artistas de mostrar cómo vivían las personas la vida cotidiana en el ocio.

Los artistas del siglo XX exploraron una gama enorme de tipos de animales e inventaron algunos más. Se separaron de la sofocante tradición de la ilustración o del retrato académico para expresar ideas sobre la vida silvestre, y utilizar el tema de la vida silvestre para expresar ideas sobre el diseño y la composición, el patrón y el color.

Ya no estaban preocupados por obtener todos los detalles en el sentido fotográfico. Surgieron diversas interpretaciones de animales enfocadas en su simbolismo particular a cada artista. Rousseau con su técnica naif centró su obra en la representación de una naturaleza indómita y salvaje que no conocía pues nunca salió de Francia ni visitó África, sin embargo pintó tigres, leones, gacelas y otros animales en junglas y selvas. Franz Marc y André Derain, fauvistas, incluyeron figuras de animales en muchas de sus obras con expresión de fuertes emociones y sentimientos mediante colores vivos. Pablo Picasso, Salvador Dalí, Francis Bacon y David Hockney son solo unos cuantos grandes artistas que incluyeron representaciones muy particulares de animales en sus obras como alegorías, símbolos o metáforas.

En las últimas tres décadas, los animales han literalmente invadido el espacio del arte, desde Joseph Beuys cohabitando con un coyote, la instalación de Jannis Kounellis con caballos vivos, el tiburón de Damien Hirst en formaldehído hasta las muestras de historia natural de Mark Dion y el pez dorado de Marco Evaristti en un licuadora. Estos trabajos conceptuales son principalmente un comentario sobre el lugar del animal en los debates sobre el ecologismo y sus derechos.

Sin embargo muchos artistas continuarán representando animales en sus obras por el simple propósito de mostrar su belleza y por el hecho de admirarlos y amarlos.

Beatriz Eugenia