Desde la prehistoria el hombre ha tenido la necesidad de expresarse pintando. Ha hecho uso de los materiales que tiene alrededor, desde tierra, carbón, plantas, insectos, ramas, piedras y sus propias manos. Así, el hombre/artista ha ido experimentando hasta encontrar los materiales con los que goza el plasmar sus ideas, conceptos, temores y sensaciones.

La pintura al temple es la técnica pictórica más antigua que se conoce. Las pinturas murales del antiguo Egipto, China y de Babilonia así como las del período micénico en Grecia están realizadas al temple, técnica pictórica que consiste en disolver el pigmento en agua y templarlo o engrosarlo con huevo, caseína, goma o una solución de glicerina. El temple se utilizó para decorar las primeras catacumbas cristianas. Se empleó en una variedad de soportes, desde estelas de piedra, sarcófagos y rollos de papiro hasta paneles de madera de íconos, retablos bizantinos y pergaminos de vitela de los manuscritos medievales ilustrados.

Los colores al temple se aplicaban con pinceles suaves en barridos o veladuras transparentes y semitransparentes. Sin embargo el temple secaba demasiado rápido impidiendo las gradaciones de tonos sutiles. Los efectos del sombreado debían obtenerse mediante una técnica de entramado de líneas o pinceladas muy finas.

El temple al huevo es conocido por sus cualidades lineales y su capacidad para producir pinturas similares a joyas, de colores brillantes que se conservan igual de vibrantes hasta nuestros días. Este medio permitía trabajar a gran detalle y precisión. Alcanzó su apogeo durante el Renacimiento sin embargo cayó en desuso con el auge de la pintura al óleo que se deriva directamente de las técnicas de pintura al temple del siglo XV. Los orígenes de la pintura al óleo, como se descubrió en 2008, datan de al menos el siglo VII d. C., cuando los artistas utilizaron el aceite probablemente extraído de nueces o amapolas para decorar el complejo de cuevas antiguas en Bamiyan, Afganistán. Pero en Europa el aceite como medio de pintura solo se registra desde el siglo XI y como pintura de caballete desde el siglo XV, primero en Holanda con los pintores flamecos y luego en Italia a principios del siglo XVI.

Las mejoras básicas en la refinación del aceite de linaza y la disponibilidad de solventes volátiles después de 1400 d.c. coincidieron con la necesidad de algún otro medio que no fuera solo la yema de huevo para cumplir con los requisitos cambiantes del Renacimiento.

El reemplazo no fue el eliminar una técnica y utilizar la nueva. Los artistas desarrollaron una técnica de medios mixtos de pintura. Realizaban sus obras al temple, desde la imprimatura y modelado de sombras y luces en terre vert (pigmento verde tierra) como menciona Cennino Cennini en “ Il Libro dell´Arte”, para después esmaltar los paneles al temple mediante veladuras transparentes al óleo.

La pintura obtenida con la mezcla de aceites ofrecía al artista del Renacimiento muchas ventajas sobre la técnica pictórica al temple. Podía realizar su obra lentamente, retocarla, variar la composición y los colores. Pintores como Velázquez, Leonardo o Tiziano valoraban una ejecución meditada y sujeta a cambios por lo que encontraron en el óleo una técnica favorita de expresión. Van Eyck, como los demás pintores flamencos, utilizaba el óleo a modo de miniaturista procurando captar los detalles y dando como resultado una pintura esmaltada. Los venecianos al utilizar el óleo aportaban la novedad de dar textura a las pinceladas. Rembrandt ensayaba técnicas novedosas como el raspado. El óleo les permitía una enorme versatilidad en su manejo hasta cambiar los soportes rígidos por telas flexibles que podían alcanzar dimensiones enormes en lugar de los tamaños medios y pequeños de la pintura de caballete realizada en temple sobre paneles de madera.

La pintura al óleo es considerada la reina de las técnicas, sin embargo los siglos XIX y XX vieron un resurgimiento del temple entre algunos pintores pre-Rafaelitas y realistas así como en grandes maestros como Edward Munch, Otto Dix, Andrew Wyeth o Thomas Hart Benton.

Beatriz Eugenia.