Ella mira, observa, analiza, La pintura no es sólo un oficio, sino una manera de aprehender el mundo. Su talento indudable no es lo único: ávida de alimentarla, estudia, con disciplina rigurosa, con la curiosidad que nutre y cimienta su trabajo.

En este su primer viaje en solitario. Beatriz Eugenia bebe de la alucinante obra del artista belga René Magritte.

En lo formal, aprende del maestro, lo asimila, lo hace suyo, acepta abiertamente su legado. Sin embargo, también lo transforma. Esta exposición es, al mismo tiempo un homenaje  un desafío a este surrealista, cuya poética integra imágenes del mundo visible, de maneras inesperadas: reconocemos los objetos, pero nos sorprendemos  ante la composición. La pintora subvierte el credo surrealista e indaga en el mundo contemporáneo, absurdamente orgulloso de su racionalidad, por demás cuestionable. Ella descubre la surrealidad de nuestro planeta, generada por sus habitantes, y señala con ojo crítico sus yerros, a partir del trazo pulcro. Devela y enfatiza los sueños/pesadillas que no emergen del dormir cotidiano, sino de una vigilia sumida en la inconsciencia y la soberbia.

Hoy, aquí, tradición y ruptura.

Esta exposición es el resultado de años de orden y dedicación. Miremos cada una de las obras, mirándonos en ellas.

Leamos la mirada de Beatriz Eugenia, plasmada en estos textos, con ojos nuevos, pero también conscientes.

Disfurtemos de los paisajes surrealistas y verdaderos -¿realidad subyacente?- en el enfrentamiento con la cualidad reveladora del arte.

ELIZABETH HULVERSON

Coyoacán, D.F., mayo de 2010.