Por Diego Vadillo López – escritor y analista de arte

Así como los seis personajes pirandellianos iban en busca de autor, nueve artistas plásticas de México DF se conchabaron para ir en pos de la alteridad poética. Ribeteando el marco teórico e incomparable del libro de Obed González,

“Poiesis y Otredad: Nueve mujeres hacia la alteridad poética”, nos dejaron estas artistas, encantadoras expresiones teóricas de sus parámetros creativos, oscilantes entre lo onírico, lo telúrico, lo existencial y, en definitiva, lo esencial.

El pasado día 19 de octubre tuve la ocasión de asistir a la compartida presentación del libro “Poiesis y Otredad. Nueve mujeres hacia la alteridad poética” y de la exposición “Nueve mujeres hacia la alteridad poética”, y asistí a tan nutrido evento con el entusiasmo de quien se adentra en un universo conformado por la melodía del diálogo entre disciplinas artísticas, máxime teniendo en cuenta que el objeto de atención iba puesto en el proceso creativo. Imperaban por tanto las funciones del lenguaje poética y metaliteraria. Sobrada y atinadamente habló Héctor Martínez Sanz sobre el excelente marco teórico, dechado de lúcida epistemología. Por lo tanto, me referiré al fondo de la cuestión desde la poesía, entendida esta como materia sublime y manifestación más elevada del pensamiento humano. Decía Octavio Paz que la poesía revela este mundo y crea, a la vez, otro… Así pasa con la pintura y con otras disciplinas artísticas, eso es porque contienen poesía. También avisaba Paz de que hay poemas que no contienen poesía; muchos cuadros, por ejemplo —añadimos—, sí. O, si hemos de considerar nuevamente las palabras de Octavio Paz, la tuvieron antes de ser tales, pues afirmaba el gran poeta que el acto creativo mata la intuición previa cuando la inmortaliza; lo que así vemos o leemos es intuición taxidermizada.

La poesía puede ser capturada en el lienzo o en la instantánea fotográfica, por ejemplo. La poesía tiene color, la pintura logra metáforas y alcanza determinadas retóricas de alta temperatura poética. La poesía se hizo dibujo en el caligrama; la pintura se hace invisible en su búsqueda de lo esencial. Enfermas, con la gangrena poética, están las nueve artistas plásticas que han sido objeto de sendas revelaciones poéticas y que con una prosa elegante, precisa y lírica lo han glosado en cierto modo otorgándonos el privilegio de poder acceder a tales disquisiciones a través de la obra que se presentó el sábado 19 junto a las obras de ellas: Cecilia Morales nos habla de su sublimación dérmica, de la empatía a la que llega a través de la observación activa; Cielo Donís, de la pintura como gran delatora de la realidad, pues en ella se trasparenta todo; Verónica Buentello, de la importancia del conocimiento previo al acto creativo, pues cuerpo y alma dejan huellas de su paso por la vida a través de la presencia de su ausencia; Beatriz Eugenia Hernández, habla de la importancia de plasmar momentos o expresiones mágicos que la mente olvidaría o distorsionaría con el paso del tiempo; Laura Quintanilla, atrae el cuerpo entero hacia el sedimento emocional; Una Sempere, hace una referencia también muy vinculado con lo epidérmico, afirmando que la piel es el primer impacto visual de aquello que contiene; Luz García Ordoñez, apunta que la ciencia suministra fundamentos comprobables a los conocimientos humanos, mientras que el arte otorga forma a cualquier inquietud; Elena García Escolano, escribe que la piel es la chismosa de tus secretos, pues en ella empiezan muchos centros nerviosos que se transforman después en emociones, y Leticia Ramírez de la Mora, abundando en la importancia de la piel, afirma que es una frágil y delicada frontera, una envoltura de conciencia propia y de memoria precisa.

Todas ellas, fantásticas artistas plásticas, escriben y sugieren mucho más, como se puede ya atisbar en la exposición colectiva a la que cada una aporta parte de sus respectivas obras, de alto poder sugestivo todas.