Beatriz Eugenia Hernández Pizarro

Distrito Federal 1962

Nos escondemos tras máscaras no para interpretar lo que deseamos representar sino, por lo que deseamos excluir… nosotros mismos.

Beatriz Eugenia -sin dejar fuera el surrealismo- en “Planeta desechable” nos muestra ese inconsciente que se transforma en lo consciente. A través de mostrarnos el desconocimiento de nuestra identidad humana y natural por medio de las formas y el color nos enfrenta con nosotros mismos, a esos otros que también somos y que negamos porque nos aterra y hiere.

 

La pintora nos muestra cómo dañamos al mundo y que es dañarnos a nosotros mismos por medio de la inmediatez, la egolatría, el acaparamiento, la doble moral o el incontrolable e irracional consumismo donde todos participamos y por el cual todo lo convertimos en producto desechable como lo reflexionó el jefe Seattle en 1854 al preguntarnos: “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?”

Somos humanos en serie, personas construidas para ciertas tareas, entes creados para no salirse de cierta línea, líneas implantadas por otros. Somos la confirmación de las palabras escritas por Jean Paul Sartre en las cuales la libertad es el lugar donde el infierno son los otros pero que también somos nosotros mismos. Palabras las cuales tenemos oportunidad de cambiar y acercarlas a las de Martin Heidegger donde nos confiere que el Hombre es la palabra pronunciada donde en él se revela el espíritu, es decir Dios…

Beatriz nos hace presente a través de esta exposición lo frágiles que somos y cómo por medio de la risa o la falsa alegría manifestamos como si fuésemos juguetones arlequines nuestra propia destrucción. Nos comunica que Jugamos con el mundo y que decimos amarlo pero lo que en realidad deseamos es… fugarnos de él.

Obed González Moreno, 2013