Uno de los compromisos más trascendentes para el artista es la transmisión de sus preocupaciones más íntimas. Beatriz Eugenia nos lleva a una profunda reflexión sobre lo que ha sido, es y lamentablemente parece que seguirá siendo el papel del ser humano ante su medio ambiente en una concepción que la pintora refleja magistralmente por medio de la ironía.

Si la globalización ha logrado algo en nuestras concepciones contemporáneas del mundo, es justamente hacernos creer una ficción: que el planeta es pequeño. Quiero decir, las nuevas tecnologías (sobre todo las pantallas múltiples de las que han hablado en los últimos años Sartori, Lipovetsky y Žižek) nos hacen considerar en el sonambulismo en el que nos sumen que el planeta está al alcance de la mano, que es abarcable al instante. Y esto es precisamente lo que subraya la obra de Beatriz Eugenia, con plenitud de carga irónica. No es coincidencia que uno de sus personajes favoritos sea el bufón. Si tomamos en cuenta la presencia de este personaje en obras tan hondas como "El rey Lear", de William Shakespeare, o "El rey se divierte", de Víctor Hugo (y su adaptación operística por Piave y Verdi en "Rigoletto"), recordaremos que su trasfondo es el del que habla al poderoso desde su supuesta postura cómica, que proviene de las capas bajas o conecta con ellas. Así, Beatriz Eugenia asume los poderes del personaje dramático, su magia y su elocuencia, que en su caso es pictórica. Señala un planeta que ya se nos fue ("Érase una vez..."), al "Depredador anónimo", el "Mundo frágil" y el "Daño irreversible", ante una condición que ya nos define y que ilustra otra de sus obras: "Úsese y tírese". Pero buscamos con la pintora también, como otra obra anuncia, un "Nuevo mundo", y ésa es otra de las facetas profundas de Beatriz Eugenia, la esperanza, la madura esperanza surgida de un talento nato, donde matices y tonalidades, perspectivas y conceptos, juegan el papel preciso para la transmisión de la obra, del mensaje.

Fernando Corona

2015