La luz que entra por la ventana es la única protagonista coherente de toda la escena, análogamente a la luminosidad de la razón, pues ese destello ilumina tanto a los bajeles del exterior como al arlequín que hace acrobacias con el planeta. “Lo bailado nadie me lo quita” forma parte de la serie “Planeta desechable” donde el tema principal es la destrucción paulatina de la Tierra.

 

La obliteración del mundo llegará a un punto de no retorno en el que ningún arlequín podrá hacer maniobras con él. Este personaje a través de la ironía, irreverencia y humor negro juega a su antojo con nuestro hábitat al igual que un niño se divierte con un juguete. Detrás de la máscara del arlequín podemos estar cualquiera de nosotros de forma anónima despedazando y dañando al planeta.

Otro rasgo del arlequín es su falta de conciencia y cuidado por su entorno. Es un ser egoísta, despreocupado e irresponsable que no mide las consecuencias del atrofio continuo del mundo. El arlequín danza sin problema perjudicando a la Tierra y a todos sus habitantes. Beatriz Eugenia agrega “tenemos que refugiarnos en nuevos sitios…¡inexistentes! La realidad no tiene salida de emergencia, no hay escapatoria de este planeta hacia ningún lado…”

Los navíos vistos a lo lejos no son más que conceptos ilusorios que nos llevan a mundos ficticios donde la vida es supuestamente mejor y nueva. La flota de ensoñación que se dirige al paraíso es tan utópica como querer desentenderse de la corrupción actual en la que vivimos. “Lo bailado nadie me lo quita” es una reflexión en tono de burla sobre lo devastadores que podemos llegar a ser los humanos.

La artista, que ha pintado varias veces las condiciones de un planeta desechable, pretende alertarnos a cerca de lo irreversible del acabose. No hay más lugares en el universo más que en el que nos encontramos ahorita. “Lo bailado nadie me lo quita” es un suspiro de auxilio por parte de un mundo que agoniza, pero que aún se puede salvar de la catástrofe y la ruina.

El mundo ideal es posible de reconstruirse, asimismo transformar los barcos irreales en elementos estéticos del presente. El antifaz del arlequín se puede incorporar a la piel otorgando una visión clara y concientizada para rescatar al planeta. De no ser así en algún tiempo la Tierra sería la que manipularía a múltiples arlequines pequeños e indefensos.

El arlequín en movimiento es un momento del espacio para meditar el rumbo del planeta, del mismo modo que cuestionarse la desconocida dirección de los buques ¿Hacia dónde va nuestro mundo? La serie “Planeta Desechable” cuenta esa historia.

Adriana Cantoral