Still life with towel, Samuel Van Hoogstraten

El trompe-l’œil (término en francés que significa “engañar al ojo”) o trampantojo es una técnica en la que el artista nos engaña al pintar imágenes que crean la ilusión óptica de que los objetos representados existen realmente en sus 3 dimensiones.

Un mural típico de trompe-l’oeil puede representar una ventana, puerta o pasillo destinado a sugerir una habitación más grande. Un techo con una cúpula pintada en perspectiva forzada puede dar la impresión de que realmente esta existe aunque se trate de un techo totalmente plano.

Objetos colgados o dejados por ahí accidentalmente pueden ser solo ilusiones ópticas de un pintor experto.

Se conocen ejemplos de trampantojo desde la época griega y romana.

Una historia griega antigua según los escritos de Plinio el Viejo se refiere a un concurso entre dos pintores de renombre. En el siglo V aC Zeuxis produjo una pintura de bodegón tan convincente que los pájaros volaron directamente hacia las uvas pintadas para picotearlas. Entonces Parrasio de Éfeso, otro gran artista de la época, le pidió a Zeuxis que juzgara una de sus pinturas apartando la cortina detrás de la cual se encontraba su cuadro. Zeuxis en el intento de quitar la cortina quedó totalmente maravillado al descubrir que el cuadro de su rival era la propia cortina. Zeuxis reconoció que le había sobrepasado pues Zeuxis había engañado a los pájaros, pero Parrasio había engañado a Zeuxis.

Durante el Renacimiento hubo fascinación por el dibujo en perspectiva. Pintores italianos del Quattrocento comenzaron a pintar techos ilusionistas, generalmente al fresco, que empleaban la perspectiva y técnicas como el escorzo para crear la impresión de mayor espacio al espectador.

Giorgio Vasari en su celebrado libro de “Vidas de los artistas” (1550) relata que Giotto decidió jugarle un truco a su maestro, el gran artista Cimabue, quien se encontraba pintando un mural. Cuando este último volteó la espalda al mural, Giotto aprovechó para pintar una pequeña mosca. Cimabue se volvió loco tratando de alejar a la mosca antes de darse cuenta de que era una ilusión óptica llevada a cabo a la perfección por su aprendiz.

Aunque el trampantojo se utiliza en la pintura, la escultura, la arquitectura y las artes decorativas, los dos tipos más comunes son la pintura arquitectónica llamada “cuadratura”, que crea la ilusión óptica de techos más altos y la pintura de caballete, que crea la ilusión de profundidad en la imagen ya sea retrocediendo en la distancia o sobresaliendo hacia el espectador.

Durante el período barroco se dio el apogeo de la cuadratura. Un ejemplo magnífico es el “Triunfo y apoteosis de San Ignacio” en la iglesia dedicada a este santo en Roma, pintado por quizá el mejor de todos los “quadraturisti”, Andrea Pozzo.

Caravaggio logró un gran ilusionismo en su “Cena de Emmaus”. Tuve la oportunidad de ver esta obra en un museo hace algunos años. La sala estaba casi en tinieblas y la obra estaba iluminada de tal forma que parecía que los personajes eran reales, de carne y hueso, tan reales como yo misma.

Los pintores flamencos del siglo XVII hicieron popular al trampantojo en sus pinturas de naturalezas muertas.

Una extraordinaria versión del trampantojo es el “quodlibet” que presenta pinturas realistas de naipes, cuchillos, tijeras, cintas y cartas aparentemente dejadas por ahí.

Varios artistas contemporáneos usan tiza sobre el pavimento o la acera para crear trabajos de trompe-l’œil, una técnica llamada pintura callejera o “arte del pavimento”. Estas creaciones duran solo hasta que son lavadas o llueve, y por lo tanto deben ser fotografiadas para ser preservadas. Imágenes de cráteres, cascadas, albercas, fuentes, escaleras, animales gigantes y personas sobre el pavimento son obra de artistas de arte callejero como Julian Beever, Edgar Mueller, Leon Keer y Kurt Wenner.

El trampantojo no debe confundirse con el fotorrealismo. El trompe l’oeil se limita a engañarnos con objetos de cualquier índole, materiales reconocibles como la madera o el mármol, estructuras como ventanas, puertas, cúpulas, techos, personas y animales que parecen estar ahí, en tres dimensiones.

El fotorrealismo puede incluir cualquier tema y su objetivo no es engañar al espectador con la ilusión de la tridimensionalidad, sino recrear una imagen de la manera más realista posible, en dos dimensiones. El trampantojo es humorístico. Es un juego de los artistas para con el espectador con el cual plantean preguntas sobre la naturaleza del arte y nuestra percepción.

Ya sea una mosca pintada que estamos tentados a ahuyentar o un pedazo de papel con bordes rizados que nos incita a recogerlo, el trompe l’oeil nos hace cuestionar el límite entre el mundo pintado y el nuestro.

 

Beatriz Eugenia